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16.10.16

Fiesta de compatriotas


El 28 de mayo de 1916 se organizó en la Ciudadela de Pamplona lo que bien pudiera ser la primera Oktoberfest (o Fiesta de la Cerveza) de la ciudad, aunque no era octubre sino mayo, pero la ocasión así lo requería. Fue una fiesta de confraternidad entre los alemanes internados aquí y unos cincuenta compatriotas llegados desde Bilbao y San Sebastián, entre los que se encontraba el Cónsul de Alemania en esta última.  La mayor parte de ellos vino en automóvil y el resto lo hizo en el tren Plazaola, llegando estos últimos hacia las diez de la mañana.

El 26 de mayo de 1916, Diario de Navarra publicaba una pequeña reseña sobre dicho evento:
"Entre los alemanes en esta capital internados, hay gran entusiasmo con motivo de la fiesta que pasado mañana celebrarán en unión de sus compatriotas de Bilbao y San Sebastián, que vendrán a pasar el día con ellos en íntima confraternidad que tanto desean, ahora que se ven disgregados y lejos de su patria.  La fiesta se celebrará en uno de los salones del Vínculo o en la Ciudadela, más parece probable en este último lugar, y en ella se hará música y tendrán gran cervezada."
A continuación transcribimos la noticia de cómo se desarrolló esta fiesta, tal y como la publicó Diario de Navarra al día siguiente:

"LA FIESTA DE LOS ALEMANES 
Como habíamos anunciado, ayer tuvieron una fiesta fraternal buen número de alemanes de las colonias de San Sebastián y de Bilbao y los que, procedentes del Kamerún se encuentran en Pamplona. 
A las cuatro de la tarde se reunieron todos en uno de los pabellones de la Ciudadela donde tienen su alojamiento los soldados del Kamerún. El amplio local estaba adornado con follaje, con flores y con muchas banderas de España y Alemania unidas. 
En el centro había dos grandes retratos, uno del Rey de España y otro del Emperador de Alemania adornados con las respectivas banderas. Poco después de las cuatro comenzó la fiesta. 
En un gran número de mesas tomaron asiento los alemanes, entre los que se hallaban señoras y señoritas.  En la mesa presidencial se sentaron el Cónsul alemán en San Sebastián, señor Lewin, el teniente coronel Gobernador de la Ciudad señor García Acha y el capitán alemán jefe de las fuerzas internadas en Pamplona señor Adametz. 
El señor Lewin pronunció un discurso en alemán, y al final, todos de pie, el señor Lewin dio los tres hurras por Alemania y el Emperador, que fueron contestados con entusiasmo. 
Después el señor García Acha pronunció un discurso breve, tan discreto como elocuente, y los alemanes vitorearon en pie a España, al Rey y al Ejército español. 
Después habló el capitán Adametz, y al final de su discurso, puestos todos en pie, dio tres vítores a España y al Rey que fueron contestados con verdadero frenesí y con largos aplausos. 
Cuando terminó de hablar el Cónsul señor Lewin todos los alemanes cantaron el himno de su patria, el "Deutschland Deutschland über alles", y cuando acabó de hablar el señor García Acha los alemanes puestos  en pie, oyeron nuestra Marcha Real.  Cuando terminó aplaudieron, y vitorearon a España, al Rey, a Navarra, a Pamplona y al Ejército.
Un señor alemán leyó una poesía, que debía de ser muy inspirada y patriótica, a juzgar por los bravos con que fueron acogidas algunas estrofas y por los aplausos que estallaron al final.  
Otro señor, cantó una canción patriótica, siendo muy aplaudido.  Otro, en breves palabras cuyo significados adivinábamos por la tristeza que había en todos los semblantes durante el discurso, dedicó un recuerdo a los muertos.  
Otro dedicó un recuerdo a Austria-Hungría, y a su Emperador, siendo aclamados, y entre bok de cerveza y dentellada a las abundantísimas rebanadas de pan con fiambres alemanes, se cantaron himnos patrióticos y canciones populares de Alemania. 
Asistieron algunas señoras y señoritas de Pamplona que fueron obsequiadas con ramos de flores, y muchos invitados y amigos de los alemanes.  Fue una fiesta simpática y tierna porque fue una fiesta patriótica y de hermanos.  
Nos creemos en la obligación de dar las gracias a los alemanes por las frases de cariño que tuvieran para España y para todo lo que se refiere a España.  Y felicitamos a los organizadores de la simpática fiesta."
















































Es especialmente emotivo pensar que estos hombres que en esta celebración comían y bebían con total placidez en nuestra ciudad, hacía pocas semanas se encontraban caminando por la selva con las pocas pertenencias que pudieron salvar en su huida, en condiciones miserables. Quizás por ello los ánimos se engrandecían al alzar sus jarras de cerveza recordando canciones o poesías en honor a su patria, desde el confort que les proporcionaba un país neutral que tan bien les había acogido.

Me gustaría pensar que el señor que dedicó un recuerdo a Austria-Hungría (al que alude el periodista) fue mi abuelo, aunque por mis últimas investigaciones creo que no fue el único austro-húngaro de los que llegaron a Pamplona, pero en cualquier caso, es interesante apreciar el hecho de que algunos mostrasen su predilección por Austria o alguno de los estados del Imperio ante los que en su gran mayoría eran alemanes.  Eso del Imperio Austro-húngaro suena tan bien y es tan literario, que no me extraña que el propio maestro Berlanga estuviese obsesionado con este término, que bien se ocupó de incluir en la mayoría de sus películas.

Berlanga (resumen)

21.5.16

Llegada a Pamplona

Hemos ido viendo cómo describía la prensa el viaje de los internados desde que se organizó la salida en Guinea, hasta su llegada a Cádiz y posteriormente a Madrid.  Desde la capital salieron varios trenes con dirección a diferentes puntos donde se alojarían. En un post de hace unos meses (aquí), veíamos lo que decían varios diarios nacionales al respecto.  Nos interesa conocer qué decían los periódicos navarros sobre esta noticia, así que a continuación hacemos dos transcripciones encontradas en la Hemeroteca de Navarra, en los periódicos "El Pensamiento Navarro" y "Diario de Navarra". 



EL PENSAMIENTO NAVARRO - 6/5/1916
242 alemanes en Pamplona
Gran recibimiento.  Hospitalidad pamplonesa.
Al anuncio de que llegaban los alemanes que se internaron en la Guinea española, se despertó la curiosidad de las gentes pamplonesas, y ya desde las seis de la mañana la animación por la Taconera y camino de la Estación era grandísima, constituyendo un verdadero hormiguero humano entre el que se destacaban gran número de mujeres.
En los andenes, que estaban vigilados para evitar la aglomeración de público, penetró éste formando bulliciosos grupos que esperaban impacientes la llegada de los germanos.
El Ilmo. Sr. Obispo bajó a la estación a saludar a los expedicionarios, recibiendo pruebas de inequívoca simpatía del gentío que llenaba los andenes.
La llegada
A las 6,50 de la mañana entró en agujas el tren especial que conducía a los internados alemanes.
Antes de que el convoy detuviera su marcha, estalló una gran ovación que se repitió al descender en dos turnos los expedicionarios.
Abandonaron los departamentos del ferrocarril en dos tandas.
Una, la primera, compuesta de oficiales y de elementos civiles, entre los que se cuenta alguna dama alemana.
El capitán más antiguo, un hombre alto y joven, curtido y marcial, recorrió el convoy dando instrucciones a la tropa que ocupaba los vagones.
Cumplimentó muy cortésmente al señor Obispo, y al distinguido comandante de Estado mayor don Federico Montaner.
Entre grandes aplausos y palabras de simpatía, la primera tanda ocupó unos tranvías previamente dispuestos por el "Irati" y subieron a la Ciudadela.
El dignísimo Teniente Coronel de Estado Mayor señor Espinosa de los Monteros, que acompañaba a los alemanes desde Madrid, tomó la parte más activa en el desembarco de los expedicionarios y debido a su claro talento y a su práctica, contribuyó notablemente al buen orden de estas operaciones de arribo.
La segunda tanda
La segunda tanda, que descendió al andén, estaba compuesta por clases de tropa.  Las mandaba un oficial germano, y salieron a la acera exterior de la estación, formando en columna de a cuatro.
Un rasgo del señor Obispo
Nuestro amantísimo Prelado, al ir a tomar su coche, fijóse en que un soldado alemán caminaba apoyado en dos muletas.
El señor Obispo se informó de que aquel soldado germano estaba herido en las dos piernas, y al tener conocimiento de esa desgracia, nuestro Prelado solicitó del señor Espinosa de los Monteros, le hiciera la gracia de poder conducir al herido a la Ciudadela en su propio coche.
Así se hizo, siendo saludado el señor Obispo con calurosas ovaciones por tan caritativo rasgo, demostrativo del buen corazón de nuestro Prelado.
Hacia la Ciudadela  
Las clases de tropa, marcharon formadas y a pie a los alojamientos que se les tenían dispuestos en la Ciudadela.
Estación de tren de Pamplona (principios XX)

Desde la estación hasta el alojamiento, las calurosas ovaciones se repetían sin cesar al paso de los soldados alemanes.
Se comentaba por el gentío el porte marcial de estos hombres germanos, admirándose las buenas estaturas y bizarro continente de los expedicionarios.
A la entrada en la Ciudadela, el oficial que los comandaba les ordenó en su idioma que hicieran alto.  Luego desfilaron a los dormitorios preparados al efecto.  Acto seguido distribuyéronse los boletos  de alojamiento para los señores oficiales y elemento civil.
El ilustrado Teniente Coronel de Estado Mayor don Leocadio López, advirtióles que iba a llegar a saludarlos el Excmo. Sr. General Gobernador militar don Mariano Salcedo. Los oficiales del kaiser se mostraron complacidísimos en poder cumplimentar a dicho General, que llegó a los pocos momentos, acompañado de sus ayudantes.
El desayuno
En presencia del Gobernador Militar se distribuyó el desayuno a las clases de tropa alemana, que consistió en tazones de café con leche y panecillos, todo servido con abundancia y esmero por el digno cuerpo de Intendencia de esta plaza.
Los alojamientos
Un oficial teutón, que por cierto, lucía el distintivo de los bravos, la Cruz de Hierro, extendió las papeletas de identidad al elemento civil, para que pudieran marchar a sus respectivos alojamientos.  Tanto ellos, como los oficiales, se hospedan en diversos hoteles y fondas de nuestra ciudad,
Por las calles
Durante todo el día, los expedicionarios recorrieron en grupos las calles pamplonesas, despertando una vivísima curiosidad entre nuestros convecinos.
Los establecimientos comerciales tuvieron ayer un gran día con la llegada de nuestros huéspedes germanos, pues todos ellos hicieron gran acopio de prendas de vestir y de aseo.  Hubo sastrería que se encargó de confeccionar más de 30 trajes.
Llamó grandemente la atención la exquisita cortesía de estos hombres que haciendo un alarde de respeto religioso, al que por desgracia, ya no estamos acostumbrados, saludaban con todo cariño y cortesía a los sacerdotes que hallaban a su paso, y lo mismo a los militares españoles, penetrando en los establecimientos públicos y en los espectáculos, como ocurrió anoche en Euskal-Jai, sombrero en mano.
El público pamplonés hizo honor a su carácter de hidalgos y caballerosos.  Pamplona recibió a sus huéspedes como no podía menos de ocurrir, dando toda clase de facilidades a los bravos germanos, para que la vida en nuestra ciudad encontrase todo género de medios para que a su arribo se les presentara el porvenir en nuestra ciudad, colmado de simpatías.
EL PENSAMIENTO NAVARRO saluda con el mayor de los cariños a los internados alemanes, deseándoles que en nuestra ciudad puedan deslizarse los días del destierro en la mayor de las felicidades.



DIARIO DE NAVARRA - 7 de Mayo de 1916
Los alemanes del Camerón - Pamplona hospitalaria
Ayer llegaron a esta ciudad los alemanes del Camerón que por causa de la guerra se vieron obligados a entrar en la Guinea Española, después de resistir cuanto pudieron y los medios de que disponían les consintieron y que al ser internados en la penínculsa han sido destinados a Pamplona.
Era de esperar que el pueblo pamplonés manifestara una vez más la hidalguía de su historia, al recibir ese grupo de extranjeros que por causa de las actuales circunstancias que todos lamentamos, han sido obligados a abandonar sus hogares y han sido traídos a convivir con nosotros; que han venido a ser nuestros huéspedes mientras duren las hostilidades de las naciones que se hallan en guerra.
La buena acogida que se dispensó a los alemanes llegados ayer a nuestra ciudad ha venido a confirmar una vez más la hidalguía y la caballerosidad del hospitalario pueblo de Pamplona, que ha visto en sus huéspedes unas víctimas de la trágica situación actual de Europa.
El buen comportamiento de los pamploneses habrá constituido para los alemanes llegados ayer un gran consuelo, un alivio grande a las contrariedades que desde el principio de la guerra han venido sufriendo; y debe constituir para todos nosotros una gran satisfacción haber podido proporcionar a ese grupo de extranjeros el consuelo que cabe dentro de las circunstancias en que se encuentran, lejos de su Patria, lejos de su hogar.  Siempre nos quedará la tranquilidad del deber cumplido.
La llegada
Sabíamos que esos alemanes, desde ayer nuestros huéspedes, llegaban a las 6,55 de la mañana en un tren especial.  A pesar de lo intempestivo de la hora, numeroso público bajó a la estación a recibirlos, llenando por completo los andenes.
También bajaron a recibir a los germanos el Sr. Obispo de la Diócesis, el Teniente Coronel de Estado Mayor don Leocadio López, el Comandante del mismo cuerpo don Federico Montaner y el Comandante de artillería don César Sierra, que ostentan la representación de la autoridad militar y de la guarnición de la plaza.
A la hora señalada hizo su entrada en agujas el tren especial, viéndose en las ventanillas de los vagones a todos los alemanes que llegaban, agitando los sombreros y los pañuelos como deseando manifestar anticipadamente su gratitud a la benevolencia y hospitalidad que habrían de obtener de los pamploneses.
Una gran ovación estalló del público que se hallaba en la estación, y ese fue el saludo que dirigió a los recién llegados; ovación que fue muy prolongada, y a la que los alemanes contestaron agitando sus sombreros y los pañuelos, saludando y haciendo demostraciones de verdadero agradecimiento; todo sin poder ocultar la emoción que les embargaba.
Hay que hacer constar que el público se abstuvo de dar grito alguno; con lo cual el recibimiento resultó de cierta originalidad y aunque muy afectuoso, de gran seriedad y respeto.  Solo se oyó un grito de ¡Viva España!, que dieron los alemanes.


A la ciudad
Inmediatamente de la llegada del tren, los jefes de los alemanes presentaron sus respetos a los jefes del Ejército que les esperaban y se dispuso la formación para subir a la ciudad, para lo cual el teniente coronel de Estado Mayor don Leocadio López que posee un dominio absoluto del idioma alemán, hizo circular las órdenes oportunas, que los recién llegados las atendieron y cumplieron con gran rapidez.
Por encargo del digno gobernador militar de la plaza, la Compañía de "El Irati" dispuso un servicio extraordinario de tranvías para la llegada del tren especial, en los cuales tomaron asiento los jefes y oficiales de los germanos llegados y el elemento civil; y a pie en correcta formación militar, subió la tropa y clases, al mando de un jefe.
El señor Obispo hizo tomar asiento en su coche a un pobre soldado alemán que, venía herido, el cual subió a Pamplona acompañado de S.I.
En Pamplona
Además del gentiazo que esperaba en la estación a los alemanes del Camerón, en los jardines de la Taconera, en la plazuela de Recoletas y en todo el trayecto desde esos puntos hasta la Ciudadela había también numeroso público, más numeroso que en la estación.
Llegaron antes a la ciudad, como es natural, los que subieron desde la estación en los tranvías.  Cuando estos llegaron a la cuesta del Portal Nuevo nuevamente fueron ovacionados, y como en la estación sin que se oyera un solo grito.  Desmontaron frente a la Ciudadela a la que se dirigieron a pie, seguidos de numeroso público que se formó a cada lado de la calle del General Chinchilla hasta la muralla, dejando apenas una calle para el paso de los alemanes.
Al llegar estos a la Ciudadela fueron recibidos por el jefe de la Comandancia de artillería don Eugenio García Acha, que condujo a los recién llegados a los pabellones que se les tenía destinados, en los que habíaseles preparado el desayuno.
Poco después de la llegada de los alemanes que subieron en tranvías de la estación, llegó a la Ciudadela el grupo de a pie, que también fue ovacionado por el público, y recibido por el señor García Acha.  De este grupo de alemanes a pie se oyó al entrar en la Ciudadela un grito de Viva España.
El desayuno
Una vez que se encontraron nuestros huéspedes en la Ciudadela, se les sirvió el desayuno, que lo tomaron reposadamente; y después de terminado se facilitó al elemento civil y oficialidad una relación de fondas con los precios.
Visita del General
Próximamente a las ocho de la mañana llegó a la Ciudadela el Gobernador militar General Salcedo, acompañado de sus ayudantes el capitán de Infantería don Luis Catalán de Ocón y el de Ingenieros don Matías Marcos.
El general inspeccionó el alojamiento de los alemanes, de cuya instalación, debida a la Intendencia militar, quedó muy satisfecho, dando muy oportunas órdenes, y una vez cumplido su deber como gobernador militar regresó al gobierno.
A las fondas por la ciudad
Después de la visita del general, los alemanes que pidieron fonda se trasladaron a las que habían solicitado acompañados de algunos militares; y los demás se quedaron ya definitivamente instalados en los pabellones de la Ciudadela.
Poco después se vieron por las calles a los recién llegados, que dedicaron la mañana a recorrer los comercios, haciendo gran número de compras, sobre todo de ropas y calzado.
Los internados
Los alemanes internados en territorio español que ayer llegaron a Pamplona son 217 distribuidos en esta forma: 2 capitanes, 10 oficiales, 5 médicos, 1 Consejero del Gobernador del Camerón, 1 señora, 52 del elemento civil y 147 individuos de clases y tropas.  Se apellidan así:
Los capitanes; Adametz y Haustein.
Los oficiales; Reder, Distler, Frank, Bier, Koch, Obermaier, Pfizenmaier, Fick, Eltester y Klinkert.
Los médicos; Mayer, Gran, Zschuke, Eckaut y Stechele.
La señora Beyer, esposa de un individuo civil.
El cabo herido en una pierna: Hayduck.
Entre el elemento civil hay ingenieros, Director de Sanidad, empleados ferroviarios, id de telégrafos, sanitarios, médicos, maquinistas, arquitectos y un oficial de marina mercante.
Bien venidos
Ya tenemos en nuestra ciudad al grupo de alemanes cuya venida hace días nos la anunciaron.  Desde ayer son nuestros huéspedes y con nosotros vivirán hasta que llegada la paz les sea permitido volver a su patria.
El público de Pamplona no necesita recomendaciones.  Nunca las ha necesitado.  Sabe perfectamente que los que ayer vinieron, son extranjeros que entraron en posesiones españolas amparándose en nuestra neutralidad, y cobijándose bajo nuestra bandera.  Un grupo de estos alemanes ha sido internado en Pamplona.
Sean bienvenidos los alemanes del Camerón, y solo deseamos que la estancia entre nosotros les sea grata y que cuando regresen a su patria lleven buen recuerdo de Pamplona.
Lo que cuentan de la campaña
Interrogado un oficial alemán sobre la campaña del Camerón ha dicho lo siguiente:
"La guarnición en el Camerón alemán era bastante reducida, en lo que se refiere a tropas europeas.  La mayor parte de los soldados y de los habitantes eran indígenas.  Estos, tanto soldados como paisanos, todos súbditos alemanes, han quedado en Santa Isabel en la misma situación, respecto a las autoridades españolas, que nosotros lo estamos aquí. Son como es sabido, todos negros, con sus mujeres y sus hijos.  Con ellos quedaron 80 oficiales y suboficiales alemanes, para responder de su conducta y cuidar de todos.
Buscamos refugio en tierra española cuando ya no teníamos más remedio.  Habíamos sufrido todo género de penalidades y privaciones desde poco después del comienzo de la guerra.  Sostuvimos frecuentes ataques con las fuerzas franco-inglesas, que nos cercaban hasta que se nos acabaron los víveres y las municiones.
Entonces recurrimos a un supremo recurso: a alimentarnos con las hierbas del campo y a fabricar nosotros mismos las municiones con los recursos que buenamente podíamos procurarnos.
En Enero de 1915 conseguimos hacer cartuchos para los fusiles de modelos antiguos, fabricando pólvora con productos que extraíamos de las hierbas del campo.  En Julio y Agosto del mismo año logramos hacer proyectiles para el armamento moderno.
Las nuevas municiones se acababan también, y entonces decidimos dar un ataque a las fuerzas aliadas, haciéndolas muchas bajas.  De europeos perdieron 110 hombres, y más de negros.  Nosotros también tuvimos importantes pérdidas.  En el campo quedó el 40 por 100 de los oficiales, y otro tanto de los soldados.
Nuestros esfuerzos fueron, sin embargo, estériles.  Las fuerzas aliadas estrecharon su cerco, y los buques, desde la costa, intentaban cortarnos la retirada.  Comprendimos que íbamos a caer prisioneros, y entonces retrocedimos a territorio español, donde depusimos nuestras armas.
Desde entonces, sólo atenciones hemos recibido."

17.5.16

Llegada a Madrid (2)

ABC - Sábado 6 de mayo de 1916

Los alemanes en España
Ayer mañana llegaron a Madrid, procedentes de Cádiz, los soldados y familias alemanas que vienen a internarse en nuestro territorio.
El primer tren especial llegó a la estación del Mediodía a las ocho y cincuenta.  Venían en él unos 200 alemanes, a quienes esperaban los oficiales de Intendencia encargados de organizar el viaje; el cónsul de Alemania, el personal del Consulado y la Embajada y casi toda la colonia alemana de esta capital.
Los expedicionarios fueron obsequiados con cigarros, dulces y flores por las señoras y niñas, y en el restaurant de la estación, con cerveza y refrescos.
 
El cónsul saludó a sus compatriotas dándoles la bienvenida y asegurándoles que en España han de encontrar por todas partes muestras de respeto y simpatía.
El tren siguió su ruta, poco después de las diez, pues esta primera expedición iba consignada a Alcalá de Henares.
A las nueve y diez y siete minutos llegó otro tren igual, que fue recibido por las numerosas personas congregadas en la estación con las mismas manifestaciones que el precedente; y tras de breve estancia en los andenes, partió la expedición para Zaragoza.
Más tarde, llegaron otros tres, cuyos expedicionarios iban destinados a Aranjuez y Pamplona.
Algunos de los alemanes internados detuviéronse para hacer compras durante el día, y circularon por las calles de Madrid hasta última hora de la tarde.
Entre los que llegaron en los dos primeros trenes figuran el gobernador del Camerón, Evermaier; el secretario, Derkaussen, el coronel jefe de la fuerza militar, Zimmerman, el secretario del Gobierno, Freindinger; el banqueo Bubcek, y varios oficiales, suboficiales y sargentos.
También vinieron algunos religiosos, católicos y protestantes.

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DIARIO DE NAVARRA - Sábado 6 de Mayo de 1916

Los internados - Los alemanes del Camerón
Madrid 5, 23 h.
Esta mañana llegaron a la estación de Atocha los trenes especiales conduciendo a los alemanes internados en la Guinea española, los cuales, a pesar de la lluvia y del frío, fueron recibidos por toda la colonia germana.
El primer tren partió para Alcalá de Henares, a donde se le destina.
Las damas alemanas obsequiaron a sus compatriotas con flores.
Muchos alemanes, aprovechando la parada del tren en esta estación, entraron en Madrid para hacer compras.
Informes de Alcalá de Henares dicen que los alemanes han sido esperados por las autoridades civiles y militares y por un gentío incalculable.  El recibimiento que se les ha dispensado ha sido muy cariñoso. A los alemanes acompañaron muchos periodistas madrileños.
Antes de llegar a Madrid paró anoche el tren en Bailén para servir a los alemanes la comida.
Dicen de Guadalajara que ha acudido muchísima gente a aquella estación para presenciar el paso del tren especial de los alemanes.  Estos dieron varios vivas a España y fueron saludados respetuosamente.
Las autoridades obsequiaron al Jefe de la expedición el cual expresó su gratitud por los obsequios que recibía.
Algunos alemanes ha referido detalles muy curiosos e interesantes de la campaña del Camerón, la cual emprezó en Agosto de 1914.  Entonces los contingentes germanos se componían de 200 jefes, oficiales y clases y 3.000 soldados africanos.  Al estallar la guerra se unieron a los anteriores setecientos súbditos alemanes que eran agricultores, industriales y misioneros.  Además se incorporaron otros tres mil negros. Todos estos llegaron a combatir contra 33.000 enemigos.
Con el fin de que no escasearan armas y municiones, todos los alemanes hicieron entrega de sus objetos de metal para fabricar unas y otras. Cuando se les agotó la pólvora echaron mano de la nitroglicerina pero los cañones de los fusiles eran destruidos por las explosiones, que eran formidables. Cuando la defensa no pudo continuarse por más tiempo se internaron en la Guinea española, logrando salvar ametralladoras, un cañón pequeño y armas que han quedado en Fernando Poo.
También refieren cómo se ingeniaron para fabricar teléfonos y cómo se proveían de fluído eléctrico por medio de monedas y discos de zinc.
Después fueron trasladados a Fernando Poo a bordo de vapores españoles.
Eran 1.000 alemanes y 18.000 indígenas con sus familias que no quisieron abandonarlos.

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LA CORRESPONDENCIA DE ESPAÑA - Sábado, 6 de Mayo de 1916
 Los alemanes del Camerón - Llegada a Madrid
Ayer por la mañana llegaron a Madrid los alemanes de la colonia de Camarones que se internaron en la Guinea española al ser rechazados por tropas franco-inglesas de aquel territorio. Desembarcaron en Cádiz anteayer de madrugada, y en dos trenes han llegado ayer por la estación del Mediodía.
Llegó el primer tren a las nueve de la mañana. Esperaban a los soldados y oficiales casi toda la colonia alemana residente en Madrid, los embajadores de su país, el cónsul, el personal de la Embajada y el agregado militar.
Con los expedicionarios venía el teniente coronel español de Estado Mayor Sr. Espinosa de los Monteros que está encargado por nuestro Gobierno de dar facilidades a los alemanes hasta que queden definitivamente instalados en los sitios designados al efecto.
Una multitud de señoritas alemanas esperaba a sus compatriotas con grandes cestas de flores, que distribuyeron entre las clases y oficiales, entregando un ramo a cada uno. No se oyó un grito, ni un aplauso, ni ninguna manifestación ruidosa.
En la estación estaba también el coronel de Estado Mayor Sr. Incenga, también comisionado por el ministro de la Guerra para organizar la expedición alemana, y algunos jefes de Administración Militar, Ingenieros y de Caballería.
Los alemanes vestían un uniforme kaki, con amplísimos sombreros de fieltro, recogidos por un ala con una escarapela y bordeados de una cinta roja. Los oficiales llevaban gorra. La mayoría llevaban bandas en las piernas, y otros polainas de variadas formas. Algunos se habían puesto gabanes de paisano y sombreros hongos.
Los alemanes residentes en Madrid sirvieron a sus compatriotas cerveza en gran abundancia. Durante todo el tiempo que permanecieron en la estación, bien a la llegada de los trenes, bien a la salida de otros que los condujeron, por grupos, a diversos sitios, no dejaron de beber.
En el departamento de equipajes se les sirvió un rancho por soldados de Administración Militar española.  Comieron un estofado de carne, que les gustó mucho, con vino y naranjas para postre. Después, las señoritas de la colonia alemana les ofrecieron bombones, bocadillos, chocolate y otras fruslerías. Los alemanes de Camarones se muestran agradecidos a España. Han sostenido una campaña de diez y ocho meses, y han tenido 125 bajas de europeos.
En la Guinea española han quedado 5.000 soldados africanos con 125 oficiales alemanes, entre ellos un comandante, para cuidar del ejército colonial.  A Madrid han llegado también algunos de estos soldados coloniales.
Entre los alemanes procedentes de Camarones figuran varios comerciantes que se incorporaron al ejército cuando se declaró la guerra. Entre los expedicionarios hay algunos heridos.
A las diez de la mañana salió un tren para Alcalá de Henares. A la una, otro con dirección a Zaragoza. Y a la una y media, otro con dirección a Pamplona.  En éste marchó el Sr. Espinosa de los Monteros.
Los alemanes dicen que resistieron cuanto les fue posible, fabricando por sí las municiones y viviendo sobre el país; pero que la reciente llegada de las tropas francesas, con una magnífica oficialidad, les obligó a refugiarse en la Guinea española.

Lo que dicen los expedicionarios.
Los alemanes llegados ayer a Madrid manifiestan que la campaña empezó en el Camerún, en agosto de 1914, y había entonces en la colonia 200 jefes, oficiales y clases del ejército alemán, y 3.000 soldados africanos. La guerra hizo que tomaran las armas hasta 700 alemanes más, que se dedicaban en la colonia a la agricultura, industria y comercio, y hasta algunos misioneros. El ejército colonial se aumentó con 3.000 negros más.
Los servicios de carga y conducción de mercancías se hacían con indígenas del país. Las tropas alemanas llegaron a luchar últimamente con 35.000 aliados.  Se fundieron toda clase de objetos de metal para fabricar municiones, y la pólvora, cuando se terminó, fue sustituida con nitroglicerina; pero los cañones de los fusiles estallaban con la fuerza brutal de este explosivo.
Entonces se internaron en la Guinea. Cuentan los alemanes que lograron salvar las ametralladoras y un pequeño cañón. Las armas fueron conducidas por los españoles a Fernando Poo, custodiándose en el cuartel de la Guardia colonial.
También refieren los alemanes cómo se las ingeniaron para fabricar teléfonos provisionales con monedas, discos de cinc y ácidos, formando pilas y utilizando alambre de tela metálica deshilada.
Fueron trasladados después los alemanes a Fernando Poo a bordo del «Villaverde», «Cataluña» e «lsla de Panay», de la Transatlántica.  Se internaron en Fernando Poo unos 1.000 alemanes y 18.000 indígenas, incluyendo a las mujeres e hijos de éstos, que las acompañan a todas partes.
En la colonia española han quedado algunos oficiales alemanes.